Arte y Cultura — Lunes, 6 de agosto del 2012 10:07 pm

La ficción como una rama de la ciencia (última parte)

Escrito por

"Mario Bunge" (Fuente: ar.noticias.yahoo.com)

Por Jonathan Gutiérrez

 


Los mundos posibles como un replanteamiento en la representación

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Hasta ahora hemos visto las manifestaciones que ocurren en la ficción en el campo de la ciencia. La imposibilidad como punto de partida de la condición humana—pues la ciencia también cuenta con una dimensión antropológica—y la alteridad escapan a las pretensiones de la epistemología de acuerdo al método de la ciencia y su filosofía. Así como la filosofía de la ciencia no enseñada por científicos puede ser una farsa, también lo es la ciencia y filosofía que no considera los mundos posibles de la ficción, a propósito de Mario Bunge[1]. Por ello dedicaremos este apartado a explicar el comportamiento de estos, tomando como ejemplo “El pasado muerto” de Isaac Asimov.

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En la ficción, sobre todo en las ficciones literarias, la mimesis se interpreta en varios rumbos. Algunas de ellos se manifiestan cuando queremos corresponder un personaje de ficción con un personaje histórico. Buscamos quién fue Hamlet en la historia o si existió el Rey Arturo. La relación es incompatible. De igual forma sucede cuando se toma a un personaje como imagen universal (la mimesis universal), por ejemplo si usáramos a Foster como el universal de los jóvenes científicos o a Araman como arquetipo del director autoritario en los programas, representación igual de inestable como la primera. Generalizar un personaje en todos los comportamientos científicos derrumbaría nuestras expectativas de la ficción como una rama en busca de conocimiento puro, objetivo y atemporal. Recordemos que el poeta no afirma, por lo tanto no miente. La mimesis o representación debe considerarse como la creación de un mundo posible, un heterogéneo de la realidad[2]. Universalizar las ficciones es un riesgo que todo epistemólogo o artista debe tener en cuenta: son inestables, incompletas e inconsistentes.

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¿Cómo entender estas complicaciones  en el cuento de Isaac Asimov?  La misma ficción encarna ficciones aplicables como dejara claro ya Wolfgang Iser[3] en su estudio antropológico de la ficción. “El pasado en claro” maneja ficciones de otra índole dentro de un mundo regido por lo que conocemos como ficción literaria, una todavía más transgresiva que las demás. Los descubrimientos de la neutrínica parten de supuestos distintos a los de Foster:

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—No estoy equivocado. Demonios, si hubiese bastado con la teoría, habríamos podidos construir  un visor temporal hace más de cien años, cuando se postuló el neutrino. El problema era que los investigadores  lo consideraban solo una partícula sin masa ni carga, que no se podía detectar. Era simplemente algo para emparejar las cuentas y salvar la ley de conservación de la energía de la masa (43).

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Foster agrega algunas observaciones sobre las variaciones que se pueden obtener del neutrino dependiendo del método que se utilice. Encontramos dentro de la gran propuesta de mundo de Asimov, dos heterogéneas dentro de él: el método que no consideraba la masa del neutrino (pero que logró crear un cronoscopio) y la nueva propuesta de Foster. Ambas excluyentes, pues para Foster el método anterior era “gorroso” y no era compatible para el ahorro de energía. Foster sigue al pie de la letra las observaciones de Sterbinski, incluso considera publicar los resultados con su tío Nimm con base en las acciones diarias del medio de divulgación científica: “Era un riesgo, desde luego, pero Foster conocía bastante el trabajo de Nimmio y sabía que podía rendir frutos” (31).

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Uno de los logros acerca del entendimiento de la representación es el del acceso de los mundos posibles a través de canales semióticos. Accedemos a ellos por el signo, no por el mundo en sí. Por ello el traslado de un mundo a otro sufre transformaciones. En estos canales ya se establece una distancia, por lo tanto es necesario reconocer su funcionamiento. Al existir esta distancia, un nuevo orden frente a otro (heterogeneidad), resulta erróneo universalizar o hacer equivalencias con ese mundo  y definirlo como tal, es decir, darle un significado único y narcisista: “Una teoría de la lectura que niegue al texto literario un control semiótico por encima del meramente individual destruye el único puente entre los lectores reales y el universo de la ficción” (Doležel 45). Queda entonces una apropiación del texto desde una lectura narcisista sin posibilidad de alternativas. De cierta manera, lo anterior en cierto sentido, podemos relacionarlo con Paul Feyerabend cuando escribía sobre la proliferación de teorías en contraposición a la uniformidad[4] (homogeneidad VS heterogeneidad).

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En las ficciones que ocurren en “El pasado muerto”, el acceso a los canales cuasi-pragmáticos con claridad la destrucción del mundo que se conoce hasta entonces. Potterley tiene ante sí mundos posibles planteados por los romanos y los griegos sobre Cartago. Antepone en su ejercicio como historiador, su lectura personal de reivindicar los sacrificios de bebés con su experiencia personal: el haber probablemente quemado a su hija, aunque no lo sepamos de cierto, pues nunca se observa en el cronoscopio el evento, solo se impide. Se aplican las leyes del mundo de un trauma a las leyes de un mundo histórico planteado por los enemigos de los cartagineses. Los canales de la cronoscopia son otros, Potterley desconoce por completo esas especialidades científicas y toma una ficción de las revistas de divulgación: “Con los conocimientos que usted posee—contestó fríamente Araman—, es obvio que lo sabe a ciencia cierta. De todos modos se lo confirmaré. El boletín mensual es un fraude” (Asimov 54). La destrucción del mundo como lo conocen sus personajes inicia en la destrucción y apropiación de un fraude, la apropiación de un mundo posible, pero distorsionado bajo el rigor de otras leyes.

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¿Pero por qué debemos entender esta especie de Heterocósmica? ¿Qué importancia tiene saber la diferencia entre un mundo posible de la semántica lógica respecto a los de la ficción? Que estos últimos son incompletos. Como toda teoría lo es, de ahí por qué presenta anomalías cuando se sigue aplicando a la naturaleza. Al ser mundos incompletos, sólo podemos acceder a un fragmento del rostro, pero no a su destino. En “El pasado muerto” no sabemos si el mundo se destruye realmente, sólo se enuncia la posible destrucción como se ha entendido hasta ese momento en el tiempo de la ficción. Los mundos posibles son un espacio para alternativas, no de equivalencias realistas ni tampoco de universalismos. De cierta manera, sería imponer una especie de naturaleza intrínseca como voluntad imperante[5] en las acciones de los hombres. Esto sucede con la “mordaza” de la que habla Foster en la ciencia o la destrucción de Araman debido a una naturaleza humana que debe ser engañada para conservar el orden social.

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La ficción en la formación del espíritu científico: a manera de coda

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En una entrevista con el filósofo y escritor Leonardo Da Jandra[6], rumbo a la Feria Internacional del Libro en Monterrey, Nuevo León, en el año 2011, Da Jandra critica la visión de Mario Bunge al final de La ciencia, su método y su filosofía. La idea final de la que se habló es el epígrafe del presente trabajo, casualmente la última frase de ese libro. Da Jandra no comparte la opinión de Bunge de la filosofía considerada como ciencia, parte más de las ideas de Richard Rorty sobre la importancia de la imaginación: “lo peor que le puede pasar a la filosofía es que se pretenda ciencia”. La imaginación es transversal, casi omnipresente, pero no autoritaria en todos estos ámbitos: filosofía, ciencia y literatura. Coincido con Da Jandra en su idea debido a los mundos posibles que hay entre estos ámbitos. La filosofía al pretenderse ciencia pierde su orden de segundo grado. Debe ser rigurosa como señala Bunge. Sí, pero no una ciencia. En su asimetría está la exterioridad a la que aspiran ambas. Todavía más arriesgado es considerar a los géneros literarios como algo menos riguroso que la ciencia.

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El título del presente artículo es arriesgado si se le toma al pie de la letra y no transgredimos lo cotidiano de sus palabras. Experimentemos una breve ‘epojé’ para hacer a un lado la vida cotidiana de lo que consideramos rama de la ciencia. Sería también un error que la ficción se considerara ciencia como Bunge pretendió con la filosofía. Entonces, ¿por qué considerar a la ficción como una rama de la ciencia? La idea de espejo es interesante, pero se comporta como ruptura, un frente que separa la cercanía que hay entre un fenómeno y el otro. Por ello, consideramos en este trabajo a la ficción como una rama, pues ella misma encarna sus propias ficciones en un lenguaje distinto. La rama como una parte dentro de sí, no un extraño como el espejo. Se trata de un punto complementario. La rama no es el tronco ni la raíz, pero sin ella no puede llamarse árbol. El árbol de la ciencia lleva dentro de sí a la ficción. Al considerarla contraria, crea un obstáculo epistemológico. Por ello, no hay ciencia sin ficción.

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También es necesario aclarar que “El pasado muerto” es solamente un ejemplo de los tantos mundos posibles que la ficción puede proporcionarnos. No es el único texto que puede transgredir nuestro pensamiento. La ciencia ficción abarca un gran espectro y mientras más avanza en el tiempo más se desarrolla también. Bien podríamos tomar otro texto como “El viajero” de José Luis Zárate (por mencionar un ejemplo de varios) sobre un viaje en el tiempo en el que se investiga un asesinato que se cometerá en el futuro. El sentido hubiera sido otro, pero para propósitos de este trabajo “El pasado muerto” nos ayudaba con claridad a ilustrar cada una de las ideas. En los mundos posibles, las nacionalidades no son un límite, puede existir la ciencia ficción anglosajona, la mexicana o de cualquier otra nacionalidad.  Incluso los temas no son únicos: De la tierra a la luna de Julio Verne o La pequeña guerra de Mauricio-José Schwarz muestran otras posibilidades más allá del regreso en el tiempo, por mencionar unos pocos casos en la literatura.

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Gaston  Bacherlad en las primeras páginas de La formación del espíritu científico aporta una gran idea sobre la ciencia: “Tener acceso a la ciencia es rejuvenecer espiritualmente, es aceptar una mutación brusca que ha de contradecir un pasado” (16). Si la ciencia se opone a la opinión, entonces por qué considerar a los géneros literarios menos rigurosos que la filosofía pretendiéndose como ciencia. No es acaso esa última observación de Bunge un enunciado que cae en la opinión y no en la ciencia. En la demarcación se han logrado muchos progresos, pero también muchos abismos. Tener acceso a la ficción en la ciencia también es una forma de rejuvenecer espiritualmente y contradice su pasado. La ficción no es ciencia, pero está dentro de ella.

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Sin embargo, no por tratarse de un planteamiento heterogéneo no quiere decir que no resulten complementarios y podamos aportar con distintos saltos de un área a otra. La filosofía de la ciencia aquí puede aportar en los nuevos estudios sobre la ciencia. Además de la creación de teorías, formación de enunciados, el estudio de su historia o contexto social, puede obtener una alternativa en la creación de mundos posibles desde los rostros que se desconocen. Una vez que la ficción se comporta como pregunta, en otro lenguaje, en un trampolín hacia la epojé, podremos volver a la filosofía de la ciencia no como un segundo orden, sino como una actitud siempre presente, pues los hechos que estudia la ciencia nos muestran que ella también es un hecho entre los demás.

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Fuentes citadas

-Asimoc, Isaac. “El pasado muerto”. Cuentos completos I. Trad. Carlos Gardini. Barcelona: Ediciones
B, 2005.
-___________. Introducción a la ciencia. Barcelona: Ediciones Orbis, 1985.
-Bacherlard, Gaston. La formación del espíritu científico: contribución a un psicoanálisis del
conocimiento objetivo. Trad. José Babini. México: Siglo XXI, 1988.
-Barrow, John D. Imposibilidad: los límites de la ciencia y la ciencia de los límites. Trad. Carlos de la
Reta. Barcelona: Gedisa, 1999.
-Bunge, Mario. La ciencia, su método y su filosofía. Buenos Aires: Ediciones Siglo Veinte, 1980.
-Doležel, Lubomir. Heterocósmica: ficción y mundos posibles. Trad. Félix Rodríguez. Madrid: Arco,
1999.
-Feyerabend, Paul. Tratado contra el método. Esquema de una teoría anarquista del conocimiento.
Trad. Diego Ribes. México: Rei, 1993.
-García Berrio, Antonio y Javier Huerta Calvo. Los géneros literarios: sistema e historia. Madrid:
Ediciones Cátedra, 1995.
-Gatténgo, Jean. La ciencia ficción. Trad. Diana Luz Sánchez. México: Fondo de Cultura Económica,
1985.
-Gott, Richard. Los viajes en el tiempo y el universo de Einstein.Trad. luis Enrique de Juan. Barcelona:
Tusquets, 2003.
-Lakatos, Imre. La metodología de los programas de investigación científica. Trad. Juan Carlos
Zapatero. Madrid: Alianza Editorial, 1989.
-Iser, Wolfgang. “La ficcionalización: dimensión antropológica de las ficciones literarias”.  Teorías de
la ficción literaria. Comp. Antonio Garrido Domínguez. Madrid, 1997.
-Lévinas, Emmanuel. Totalidad e infinito: ensayo sobre la exterioridad. Trad. Daniel E. Guillot.
Salamanca: Ediciones Sígueme, 2002.
-Lipovetski, Gilles. El imperio de lo efímero: la moda y su destino en las sociedades modernas. Trad.
Felipe Hernández y Carmen López. Barcelona: Anagrama, 1996.
-Losse, John. Introducción histórica a la filosofía de la ciencia. Madrid: Alianza, 2004.
-Rorty, Richard. Objetividad, realismo y verdad: escritos filosóficos I. Trad. Jorge Vigil Rubio.
Barcelona: Paidós, 1996.
-____________. El pragmatismo, una versión: antiautoritarismo en epistemología y ética. Trad. Joan
Vergés Gifra. Barcelona: Ariel, 2008.
-San Martín, Javier. Epojé y ensimismamiento: el comienzo de la filosofía. Sociedad Española de
Fenomenología, 2002.
-Žižek, Slavoj. “Violence: six sideways reflections”. Estados Unidos: Picador, 2008

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[1] Mario Bunge al final de La ciencia, su método y filosofía. Comienza una breve educación sobre la enseñanza de la ciencia en las aulas. Cuando se refiere a la epistemología, dice lo siguiente: “El curso de epistemología no tendrá una orientación filosófica definitiva: su objetivo será facilitar la adquisición de información amplia y objetiva, promover la discusión y, sobre todo, incitar a la meditación independiente” (109). ¿Cómo tomar en serio a la epistemología sin la ‘brújula’ de la ficción? La información objetiva no debe excluir la experiencia subjetiva de la ficción.

[2] “Los mundos ficcionales no tienen que ajustarse  a las estructuras del mundo real, de igual manera que el mundo de la geometría no euclidiana no tiene que ajustarse al mundo en el que es válida la geometría euclidiana” (Doležel 40).

[3] “[…] en epistemología encontramos ficciones a modo de presuposiciones; en la ciencia son hipótesis, la ficciones proporcionan la base de las imágenes del mundo y los supuestos por los que guiamos nuestras acciones son también ficciones. En todos estos casos, la ficción  desempeña una tarea distinta; desde posturas epistemológicas es una premisa; en la hipótesis es una prueba; en las imágenes del mundo, es un dogma cuya naturaleza ficcional  debe quedar oculta, si se quiere evitar  que la base se vea afectada; y en nuestras acciones diarias, es una anticipación” (Iser 46).

[4] Véase en el Tratado contra el método el apartado  tercero  sobre la condición de consistencia con las teorías aceptadas: “Al mismo tiempo resulta evidente que se ha perdido todo contacto con el mundo y la estabilidad conseguida, la apariencia de verdad absoluta, no es otra cosa que el resultado de un conformismo absoluto” (28). Por ello, en ficción sería conformista decir que Joseph K. es Franz Kafka o que el Quijote es un absoluto de la locura.

[5] En la noción de Heterocósmica encontramos un parecido con las observaciones de Rorty. La mimesis (representación) en los mundos posibles es antirrepresentacionalista en el siguiente sentido: no hay una correspondencia con Dios o la voluntad intrínseca de la naturaleza: “A mi parecer, la  explicación pragmatista de la verdad y, más generalmente, su explicación antirrepresentacionalista de la creencia constituye una protesta contra la idea de que los seres humanos deben humillarse ante algo no humano como la Voluntad de Dios o la naturaleza intrínseca de la realidad” (21). De ahí porque la cualidad de la ficción con pre-existencia libera las alternativas de la correspondencia con la realidad.

[6] Véase “Entrevista con Leonardo Da Jandra” en el canal de youtube “Deliberacion”: http://www.youtube.com/watch?v=7uLOg6D7K9s

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