Por David Pérez*
Que alguien te acuse de “ser izquierdoso” en México es como haber cometido el peor de los pecados. Comúnmente, y sobre todo en tiempos electorales, las palabras que se le asemejan a ésta se utilizan como una forma de desprestigiar y acusar a alguien que tiene ideas distintas al régimen que se considera imperante.
Lo interesante del uso de este concepto, sin embargo, es que pocos de quienes lo utilizan se detienen a considerar lo están diciendo realmente. Pocos, saben de dónde viene el concepto, y mucho menos seguramente, se han detenido a comprender las concepciones filosóficas y prácticas en la experiencia internacional que contradicen prácticamente todo lo que se asocia comúnmente con “la izquierda” en México.
Para empezar, habría que definir. Históricamente, los de “izquierda” se refería al grupo de artesanos, pequeños comerciantes, científicos y sobre todo, académicos e intelectuales que se sentaron a la izquierda cuando se conformó el Parlamento de la Monarquía Francesa. De esto, hace ya más de siglos.
Desde entonces, conceptualmente, “la izquierda” es un punto del espectro político-ideológico que considera prioritario el progresismo y la igualdad social por medio de los derechos civiles. ¿Significa que todos debemos ser iguales en materia económica o en ingreso? No, por supuesto que no. Lo que sí significa es que las sociedades, y sobre todo, los gobiernos, tienen que asegurar que todos los ciudadanos tengan la igualdad de oportunidades; al menos, sobre los derechos más fundamentales. Esta idea parte de la premisa que acepta que no todos los hombres y mujeres nacemos en las mismas condiciones, y que si bien es ingenuo que todos logren acumular un nivel alto de bienes, lo ideal es que al menos, se compita en una cancha lo más pareja posible.
La educación pública, los sistemas de salud, la equidad de género, el transporte público, la igualdad ante la Ley y otros tantos servicios y derechos son, en la práctica, una herencia conquistada por “la izquierda” que cambió la vida a millones de personas en el mundo. En este sentido, ser “de izquierda” debería ser más un cumplido para alguien que profesa amor al prójimo y la justicia, que una acusación que realmente debiera avergonzar al que la recibe.
Otra de las falacias que se tienen de la izquierda en México es que ésta tiene una aberración por la generación de capital. La verdad, es que no hay nada más falso que eso. Si bien es cierto la concepción es distinta a la que existe en “la derecha” donde el capital se vuelve centro fundamental de la vida diaria, la izquierda se orienta en que el Estado resuelva con Leyes lo que el mercado no puede resolver cuando aparecen sus propias fallas. ¿Qué significa esto? Simple, de nuevo es poner la cancha pareja.
La agenda, en los hechos, implica combatir los monopolios, generar infraestructura pública para todos –y no sólo para algunos-, garantizar un financiamiento con un costo similar sin importar si es una empresa micro o una transnacional, diseñar espacios públicos para todos, construir una política laboral eficiente pero que garantice derechos para el trabajador, una política hacendaria en la que todos paguen (y no sólo la clase media), entre muchos otros.
Es falaz, entonces, afirmar que la izquierda se opone al sistema capitalista, a la propiedad privada y a la economía de mercado. Lo único, es que a diferencia de la derecha, cree que no todo en la vida es generar dinero, y que una sociedad es más sustentable cuando el ingreso crece y se dispersa para todos. La derecha, por el contrario, asume que la dispersión es una pérdida de eficiencia que disminuye la posibilidad de generar más capital. Es curioso, pero la Responsabilidad Social Corporativa y las políticas monetarias y fiscales de las democracias más avanzadas en el mundo coinciden totalmente con los principios de izquierda.
Ser de izquierda es, inclusive, racional para muchos economistas y sociólogos. Hay un argumento adicional que parece ser fundamental para comprenderlo. Las sociedades más violentas e inseguras, no son las más pobres, sino son las más desiguales. Siendo así, es un error suponer que el capital puede crecer exponencialmente si éste no se reparte al menos, de manera tal, que funja dando oportunidades para tener una cancha pareja. Es rentable, porque si se logra un equilibrio decente, se puede crecer con justicia. La crisis de inseguridad que vivimos en México bien podría analizarse bajo esta perspectiva.
Si la izquierda es tan maravillosa, ¿qué ha fallado? ¿Por qué tuvo tan mal marketing si Francia España, Uruguay, Argentina, Brasil, Alemania y casi todas las democracias modernas tienen partidos de izquierda, que gobiernan o han gobernado bien, sin que nadie se aterrorice ante la palabra? ¿Qué pasó en México?
Muchas razones podrían explicarlo. Ignorancia política, tener un poderoso vecino que ha sido campeón en exportar el neoliberalismo, y que ese mismo vecino haya estado en Guerra Fría con lo que él denominó “era izquierda” y un régimen cerrado al debate democrático; son cuatro hipótesis explicativas que bien podrían justificar las malentendidas ideas que han dominado el subconsciente colectivo por décadas. Es tiempo de dejar al lado los mitos, fábulas y leyendas; informarnos y madurar. México se lo merece.
————————
*Es Internacionalista y Consejero Editorial de Deliberación.




Lo felicito por este artículo. La verdad me gustó mucho su manera de explicar el concepto.
Excelente explicación del concepto. Creo que este artículo puede ilustrar mucho en la clase media sin caer en confusiones.