Uncategorized — Jueves, 9 de febrero del 2012 3:56 pm

Chongqing vs Guangdong: la guerra de ciudades

Escrito por

Por Miguel Ángel Hidalgo*

 

Bo Xilai (izquierda) y Wang Yang (derecha)

 

El Comité Permanente del Buró Político del Partido Comunista Chino tendrá nuevos integrantes en este 2012. Este organismo es el núcleo de la toma de decisiones en el sistema político y económico en China. A diferencia de otros escenarios de “libre mercado” en donde el sector privado puede constituirse a manera de oligarquía o poderosos conglomerados con claras y definidas líneas de influencia política, en China el Partido Comunista mantiene los hilos estratégicos reguladores de la economía, por lo cual las decisiones tomadas a nivel político siguen determinando cuestiones fundamentales en la economía. La muestra más evidente de esto la protagonizan la municipalidad de Chongqing, en el suroeste de China, y la provincia de Guangdong (o Cantón) en el sur de China.

En las ciudades chinas la máxima autoridad es el secretario del comité local del Partido Comunista Chino, relegando al alcalde, a los legisladores locales y a las cortes a un segundo plano. Ante las agitadas aguas políticas del cambio de liderazgo en este 2012, dos figuras han levantado la mano para competir por un lugar en el Comité Permanente del Buró Político del Partido Comunista Chino: Bo Xilai, el secretario del Partido Comunista en Chongqing; y Wang Yang, secretario del Partido Comunista en Guangdong.

Durante los últimos meses, ambas figuras políticas han propuesto y realizado ambiciosas políticas públicas que sin duda alguna han transformado la economía local de Chongqing y de Guangdong. La razón subyacente es el obvio deseo que tienen de incrementar su capital político para poder ocupar un puesto en el máximo órgano en la toma de decisiones en China.

Antes de llegar a Guangdong, Wang Yang fue el secretario del Partido Comunista en Chongqing. Durante su administración se crearon ambiciosas obras de infraestructura y un parque tecnológico. Después de que llegó a Guangdong (la provincia con mayor producto interno bruto en China) comenzó a “transformar” el patrón de crecimiento económico proponiendo la construcción de un “Guangdong feliz”. Esta medida daba prioridad a los indicadores de bienestar social y a la calidad de vida por encima de un crecimiento cuantitativamente acelerado pero de baja calidad y con crecientes disparidades entre la ciudad y el campo. Sus diferencias con Bo Xilai se exacerbaron cuando la administración de Bo en Chongqing comenzó a destapar numerosos y financieramente escandalosos problemas de corrupción que Wang había dejado crecer en Chongqing cuando fue la máxima autoridad en esa ciudad, la de mayor crecimiento económico en el occidente de China.

Por su parte, Bo Xilai fue Ministro de Comercio de China antes de asumir el puesto de jefe del Partido Comunista en Chongqing. Desde su llegada a finales del 2007, se comenzaron a implementar muchas políticas públicas encaminadas a mejorar el estado de bienestar. La mayor iniciativa fue “Cinco Chongqings”, que planteaba la construcción de ambiciosos proyectos de infraestructura complementados por actividades específicas en cinco rubros: desarrollo sostenible, vivienda pública, salud, transporte y seguridad pública. Bajo la administración de Bo, las empresas paraestatales en Chongqing (particularmente las de desarrollo urbano y bienes raíces) han mostrado un crecimiento exponencial en sus utilidades. Empresas públicas rentables que mantienen un estado de bienestar comprehensivo que a su vez incentiva la llegada de capital extranjero, ese es el núcleo del “Modelo Chongqing”.

La prensa local de Guangdong tiene una cobertura muy modesta, por no decir prácticamente nula, de todas las actividades y el éxito económico que está representando el “Modelo Chongqing”. Las economías locales de Chongqing y Guangdong están siendo apalancadas por los intereses políticos de las agendas tanto de Bo como de Wang. Los efectos secundarios habrán de verse cuando ambos dirigentes abandonen sus puestos para ocupar un lugar más alto en el complejo escalafón de la burocracia china.

La siguiente generación de líderes chinos estará encabezada por Xi Jinping y Li Keqiang, que habrán de sustituir a Hu Jintao, secretario general del Partido Comunista, y a Wen Jiabao, primer ministro, respectivamente. Tanto Bo como Wang han atraído la atención mediática por sus propuestas para “transformar” el patrón de crecimiento económico en China y orientarlo más hacia la construcción de un estado de bienestar, aunque esto a su vez sirva como pantalla económica de sus respectivas agendas políticas.

Los disturbios sociales organizados por campesinos desplazados, las huelgas y los reclamos por la corrupción rampante y el lavado de dinero de la burocracia china han llegado a niveles nunca antes vistos desde la creación de la República Popular de China. Es innegable que las contradicciones sociales de un crecimiento acelerado basado en la inversión en capital fijo y la acumulación de divisas están poniendo al régimen del Partido Comunista en una encrucijada que decidirá la viabilidad de su legitimidad política. En un lugar cuya historia antigua ha sido decidida en innumerables ocasiones por levantamientos sociales en contra de burocracias corruptas, el “contener” y “regular” la pobreza y las desigualdades sociales se vuelven máximas prioridades. La “guerra” entre Chongqing y Guangdong por atraer inversiones y acumular capital es apenas el capítulo de entrada para la definición de una nueva generación de líderes en China que tendrán como principal tarea el afianzar la legitimidad política del Partido Comunista Chino, ante amenazas internas que nunca antes habían tenido.

*Internacionalista. Especialista en Asia Pacífico. Ha brindado conferencias de dicho tema en países como México, Estados Unidos e Indonesia. Ha impartido clases de cultura latinoamericana en Dalian, China. Miembro de distintos centros de investigación académica desde donde ha publicado. Actualmente, realiza su doctorado en estudios internacionales con especialidad en China,  en el Centro de Investigación sobre China de la Universidad Tecnológica de Sydney. Es miembro de la Asociación Australiana de Estudios Chinos.


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