Por Luis González Tule*
Cuando falta poco menos de un año para que termine el funesto sexenio de Felipe Calderón, me gustaría lanzar una convocatoria para elegir al “Brownie” mexicano. El término Brownie es total autoría de George W. Bush, pues de esta manera llamaba afectuosamente a su amigo y designado político Michael Brown. Pero el juego para encontrar al Brownie fue promovido por Paul Krugman, articulista del New York Times, quien, con astucia satírica, propuso encontrar al funcionario público de primer orden cuyas cualificaciones aparentes para desempeñar su cargo son la lealtad política –hacia el presidente- y los contactos personales, pasándose por alto la experiencia y conocimiento previos en la dependencia de la cual será responsable. Esto con motivo del catastrófico manejo de la crisis provocada por el huracán Katrina en 2005.
Los hechos
A finales de agosto de 2005 el huracán Katrina impactó las costas de Louisiana, Missisipi, Florida y Alabama en los EE.UU. Los daños más significativos y cuantiosos ocurrieron en Nueva Orleans tras la ruptura de uno de los diques que cubren la cuenca de esta ciudad ubicada por debajo del nivel del mar. Luego del paso de Katrina el fenómeno natural fue considerado como uno de los más destructivos y mortíferos en ese país, causando alrededor de 1800 muertes y daños materiales por más de 75 mil millones de dólares. Frente a la magnitud del desastre, quedaron al descubierto innumerables deficiencias en la administración de Bush, principalmente en lo referente a la prevención de catástrofes y a su posterior atención y reparación de daños.
Según información de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), los diques que mantenían a salvo Nueva Orleans estaban diseñados para soportar huracanes de nivel 3, por lo que existía riesgo de rompimientos si azotaba a esta zona un huracán de categoría 4 ó 5. Asimismo, dentro del “Plan de prevención de Emergencias de Nueva Orleans”, estaba contemplado el peligro de inundación en caso de que los diques cedieran, sin embargo, las inversiones en la ciudad se destinaron a construir esclusas en los canales para facilitar el tráfico de las embarcaciones que transportan materiales industriales, y no en la mejora y mantenimiento de los diques.
Además de la falta de interés por reforzar los diques, el gobierno federal tampoco preparó ninguna estrategia de respuesta en caso de emergencia. Al menos así se entiende luego de que Max Mayfield, director del Centro Nacional de Huracanes, confirmara que alertó a Michael Brown (el Brownie de Bush y director de la FEMA) 32 horas antes de la llegada de Katrina a Nueva Orleans. Aun sin la advertencia de lo que parecía inminente, la FEMA tuvo tiempo suficiente de tomar las medidas oportunas, considerando que la ciudad se inundó a los cinco días de que el huracán comenzó su fatal recorrido por las costas estadounidenses.
Pero no sólo se desatendieron las medidas preventivas sino que, una vez ocurrida la catástrofe, la devastación fue mayor por la reacción –inacción- de los responsables de tomar las principales decisiones. El presidente Bush se encontraba de vacaciones en su rancho de Texas, las cuales sólo interrumpió dos días antes de lo previsto. Mientras que la excesiva cautela de Brown le llevó a negar la asistencia de comitivas de bomberos y rescatistas provenientes de distintas ciudades, por considerar a Nueva Orleans como un lugar “no seguro”, a rechazar una flotilla de 500 embarcaciones de pescadores y alrededor de otros 500 hidroaviones provenientes de la Asociación de Hidroaviones de Florida, y a prohibir la entrada de la Cruz Roja. A estos aspectos habrá que añadir la negativa de Bush para recibir ayuda humanitaria proveniente de otros países (dentro de éstos México).
Un aspecto relevante es que en ese barrio dos de cada tres personas eran pobres y el 98 por ciento de la población era afrodescendiente. Con tales condiciones, no extraña por qué innumerables analistas -dentro y fuera de EE.UU.- coincidieron en que el huracán Katrina puso en evidencia, además de la torpeza del gobierno federal, su desprecio e indiferencia por las personas de raza distinta a la sajona, así como por los pobres. Si para José Emilio Pacheco el “apartheid rigió en Nueva Orleans hasta los 60 del siglo XX”, con esto quedaba de manifiesto que en la administración de Bush había resurgido.
Find the Brownie, por Paul Krugman
En pleno desastre, según la cadena de televisión NBC, 75 por ciento de los estadounidenses y la mayoría de los damnificados responsabilizaron al presidente Bush de la tragedia. Entre los implicados más cercanos se encontraban también Michael Brown y Michael Chertoff –este último director del Departamento de Interior.
El argumento de Paul Krugman en su artículo está sustentado en la falta de experiencia de Brown y su cercanía con el primer mandatario. Según la revista Time, en su edición del 8 de septiembre de 2005, Brown no contaba con experiencia suficiente para desempeñar el puesto directivo de la FEMA, sin embargo, en un intento por justificar su supuesto conocimiento en esa área, mostró información falsa dentro de su currículum profesional. De manera paralela, The Washington Post, el 9 de septiembre, dedicó una primera plana para dejar al descubierto que cinco de los ocho principales funcionarios de la FEMA carecían de experiencia y de capacidad de respuesta para actuar en situaciones de emergencia. La constante entre estas personas, además de su incompetencia, era su cercanía con el presidente Bush, pues algunos participaron activamente en su campaña electoral, mientras que el resto lo hizo con otros políticos republicanos.
En efecto, la administración Bush se distinguió por las excesivas designaciones políticas a incondicionales en puestos clave del gobierno. Luego de la publicación de la columna de Krugman comenzó a utilizarse la frase “find the Brownie” con la finalidad de “encontrar al designado político más incompetente o responsable de algún nuevo fracaso de la administración Bush”.
El juego: find the mexican Brownie
Consiste en encontrar al designado político incondicional del presidente Calderón con escasa o nula experiencia en la administración pública cuyas funciones hayan terminado en fracaso o tragedia. Sin ir más lejos, por citar sólo un ejemplo, un buen candidato es Juan Molinar Horcasitas, distinguido miembro del equipo de Calderón que ocupó la dirección del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), y quien fue señalado como el principal responsable de la muerte de 49 niños y 104 más heridos por el incendio registrado en la guardería ABC de Hermosillo, el 5 de junio de 2009. Si bien Molinar Horcasitas había dejado la dirección del IMSS tres meses antes, al ser designado Secretario de Comunicaciones y Transportes, se considera el principal responsable porque en 2007 firmó la mayoría de las renovaciones de los contratos con las guarderías subrogadas –alrededor de 1500-, dentro de las cuales se encontraba la ABC.
El juego en sí mismo no tiene otro propósito que poner de manifiesto el riesgo que supone la politización de la administración pública. Estamos a tiempo de advertirlo, puesto que los candidatos ya tienen a sus incondicionales apoyándolos en sus respectivos equipos de campaña.
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*Es candidato a Doctor en Ciencia Política y de la Administración por la Universidad de Salamanca. Máster en Estudios Latinoamericanos, con mención en Ciencia Política, por el Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca. Cuenta con una Licenciatura en Relaciones Internacionales por la Universidad Internacional (UNINTER). Como investigador ha escrito un libro sobre la descolonización del Sahara Occidental y ha publicado diversos artículos científicos y ensayos en revistas arbitradas relacionados con los partidos políticos y el Poder Legislativo y Judicial en México. Ha sido articulista de medios locales en el estado de Morelos. Actualmente se encuentra becado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) para concluir estudios de doctorado en la Universidad de Salamanca.
Contacto: luisgonzalez@usal.es Blog: http://luisgonzaleztule.wordpress.com
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