Arte y Cultura — Sábado, 9 de julio del 2011 2:40 pm

Logos y Ética en “El espejo” de Andrei Tarkovsky*

Escrito por

·Escena final de 'El espejo' de Andrei Tarkovsky" (Archvo Revista Deliberación)

Por Jonathan Gutiérrez


“Por el contrario, el conocimiento y descubrimiento artísticos

surgen cada vez como una imagen nueva y única del mundo,

como un jeroglífico de la verdad absoluta”

-Andrei Tarkovsky en Esculpir en el tiempo

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Es posible que Zerkalo (El espejo, 1975) sea una de las obras donde esculpir en el tiempo se convierte, más que en una introspección que afirma el valor singular de la actividad egocéntrica del artista, en el sacrificio individual por un nuevo suelo en el mundo. La ficción encarna la pregunta y la refleja (como interpretación y transformación) apropiándose de varias propuestas de mundo con el fin de proponer uno donde el silencio genere más conocimiento, o bien, cuestione su fragilidad frente al cosmos. Zerkalo es una de las obras más complejas en la cinematografía del director ruso. Rompe con la estructura lineal, es onírica, testimonio y aspira a conmover las almas de sus espectadores con el fin de abrir el camino del hombre hacia las cuestiones fundamentales de su existencia[1].  El espejo (como metáfora) se convierte en la revelación de los hombres[2].

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La relación Logos y Ética en la película de Tarkovsky se define por la revelación de la ficción como interpretación de un fragmento de la realidad, pero también como una propuesta para el cuestionamiento del ser. Por lo individual, se apela al Otro. Por el Otro se apela a un Mismo bajo la prisión del nuevo cuerpo del siglo XX: el consumo y sus mecanismos de Mercado. La ficción esculpe los movimientos del Logos para el inicio de la reflexión filosófica de las morales y malestares que éste ha creado. La Ética (Estética)[3]ÉticaEstética) alimentara la continuidad del Logos mediante su inmersión de los mundos. Para explicar este comportamiento del arte, será necesario primero desarrollar el fenómeno de la transmigración del Logos. Una vez acotado este apunte pasaremos al comportamiento de la ficción en Zerkalo para entender el porqué de la Ética como Estética. Finalmente, con ello podremos hacer una crítica de los límites de la película frente a la transformación del mundo y el Logos que lo ordena. en esta película de Tarkovsky no se puede expresar, pero si se puede actuar. Crea un efecto para un nuevo suelo donde la (

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La transmigración del Logos

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El hombre en la Antigua Grecia es conocido como zoon lógon ejón. Para muchos, se trata de un animal racional, pero, conociendo el doble camino de la expresión, también consideramos al hombre como el animal provisto de la palabra[4]. El Logos como razón y palabra. Pero, ¿cómo es posible afirmar que éste puede transmigrar, ir más allá de la muerte y regresar a la vida? Si recordamos el Fedón, acerca de la Metempsicosis, se plantea lo siguiente: “Si esto es cierto, y los hombres después de la muerte vuelven a la vida, se sigue de aquí, necesariamente, que las almas están en el Hades durante este intervalo, porque no volverían al mundo si no existiesen, y será una prueba suficiente de que existen. Si vemos claramente que los vivos no nacen sino de los muertos” (554). En pocas palabras, el Mortus Docent Vivus es la forma en que las almas pasan de un cuerpo al otro mediante la razón y la palabra.   Si uno pone un poco de atención en todo este fenómeno, puede darse cuenta de algo: uno cuando escribe está dando la muerte para poder luego reencarnar en el Otro. El Logos es memoria y olvido, pero también límite, frente a la restrictiva memoria de la Epistéme.

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En Zerkalo podemos sintetizar la historia de forma sencilla (sin hacerle mucha justicia, por supuesto): la vida de Alexei y su familia a lo largo de un antes, durante y después de la segunda Guerra Mundial. Los hijos son el espejo de los padres, así como los rusos son los espejos de su historia. La vida de los padres, como entorno de los hijos, se transmite de generación en generación. Los personajes parecen[5] por momentos ser dobles de otros, de ahí la “coincidencia” en los papeles de Margarita Terekhova (Maroussia/Natalia) e Ignat Daniltsev (Aleksei/Ignat). La guerra y el divorcio como ruptura familiar. Maroussia/Natalia y Aleksei/Ignat comparten la sensación y vivencia del distanciamiento. De un lado por una línea sanguínea (padre e hijo) y del otro por una de género y posición familiar (mujer/esposa). Diferentes, pero también los mismos a pesar del paso de las generaciones. Sin la transmigración del Logos en la vida, no habría identificación de un ser humano a otro. Los paralelismos en la obra se perciben por un orden: el de la familia, pero separados por ideología o percepción del mundo.

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La razón y la palabra transmigran incluso en las experiencias más devastadoras en la historia de los seres humanos. Ejemplo claro de esto es la guerra no sólo concepto, sino como materialización singular, es decir, la creación de las guerras. La película tiene como telón algunos eventos bélicos. No es sólo el bloqueo de Leningrado, también se encuentra la Guerra Civil Española representada en los españoles, algunos sin ganas de volver y otros arraigados en la nostalgia de su cultura: la referencia al torero Palomo Linares (nombre artístico de Sebastián Palomo Martínez) es clara a pesar de tratarse de tiempos de posguerra[6]. La referencia a Palomo Linares, por su ubicación temporal, también nos recuerda la cercanía de otro evento histórico: el conflicto Sino-Soviético de 1969, durante el periodo de Breznev. Tres guerras distintas. Tres guerras con sus efectos colaterales e históricos en la memoria de los seres humanos, a pesar de tratarse de nacionalidades diferentes. En el caso español, las imágenes presentadas son las de los huérfanos de la Guerra Civil. La presencia de la distancia familiar se repite. El Logos también crea la posibilidad de su propio malestar.

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Por último, gran parte de los conflictos en la película de Tarkovsky se relacionan con la búsqueda de la felicidad debida a las rupturas sufridas durante la infancia. Uno de los diálogos más representativos en Zerkalo sucede cuando Natalia le pregunta a Alexei: “¿qué quieres de tu madre?”. Las relaciones están perdidas en el tiempo, la infancia ya no puede volver para Alexei, quien solamente quería ser feliz. Lo acompaña la culpa de ver a la madre sacrificar su carrera por sus hijos y el “querido mal alumno”, es decir, Igniat. Surge una discusión donde dos razones chocan entre sí. Natalia se cuestiona si debe casarse de nuevo, ahora que está divorciada de Alexei. De un lado está la educación de la madre y del otro la sugerencia del ejército. “En el ejército, no pasaría nada” dice Alexei mientras observan el pequeño incendio de Igniet, después como una alusión a la zarza ardiente de Moisés. El Logos se manifiesta en la educación: la palabra de la madre frente a la palabra del ejército (el padre). En ambas, se propone la posibilidad de un orden. Ambos niños compartieron un incendio: el del inicio para Alexei y el de las ramas por parte de Igniet. Ambos contemplan sus caminos, pero sin la misma guía de Moisés, a propósito de la alusión de Natalia cuando se pregunta por qué a ella no le pasó lo mismo que al personaje bíblico.

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El Logos pasa de un cuerpo a otro, no importa si son niños, adultos, padres, madres, soldados, exiliados o artistas. Transmigra su orden a través de las culturas, sin importar cuán separados de la Historia Occidental hayan estado, si recordamos la carta leída de Pushkin por Igniet. La historia “tal como la donó Dios”[7], tal como se le ha dado orden mediante la palabra y la razón. Es por los muertos por los que podemos hablar.

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La Ética como Estética mediante la ficción cinematográfica

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Una de las decepciones de Tarkovsky al presentar Zerkalo fue la falta de credibilidad del público respecto al deseo del director por hablar la verdad[8]: “Cuando los espectadores hubieron visto El espejo resultó dificilísimo dejar claro que detrás de la película no había otra intención; una intención escondida, cifrada” (161). Parte de esta problemática se debe a la falta de costumbre de lo que el director llama ‘poesía fílmica’. Tarkovsky no buscaba hablar de él mismo, más bien del sufrimiento de aquellos a los que les guardaba gran cariño. Más que de la vida del director, habla de los sentimientos, su fracaso y sentimiento de culpa hacia ellos[9]. Sin embargo, estas intenciones y fracasos previos, requieren un lenguaje para darle ese ritmo de poesía fílmica. Si esto fuera lo contrario, no hubiera habido necesidad de llevar los versos de Arseny Tarkovsky al contexto de las imágenes cinematográficas. No se queda en literatura la intención del director, sino que se expresa en cine. Antes de entrar nuevamente en detalle con la película, será necesario retomar la postura de Wittgenstein en estas cuestiones.

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Habíamos mencionado hace poco el apartado 6.421 del Tractatus Logico-Philosophicus. La Ética no se puede expresar, a pesar de que Russel ya dejaría claro que Wittgenstein puede dar sus opiniones éticas al respecto[10]. Lo cierto es que al no ser expresable la Ética (por lo tanto, la Estética) no quiere decir que no pueda ser efectuada. Basta con mostrarla en forma de película. Por ello, Zerkalo, como obra, es el suelo de la Ética. No basta con hablar de la obra o las buenas o malas acciones, sino mostrarlas: su humanidad y fuerte dramatismo, como sucede con la caminata de los soldados soviéticos del ’43. La palabra (Logos) es frágil y no puede sostener por sí sola la realidad. El mismo personaje de Alexei, en el plano de la casa ‘deshabitada’, a la par del audio de la conversación de éste con su madre, menciona que “Las palabras no pueden transmitir todo lo que siente el hombre, son flojas”. Si las palabras fueran suficientes, no habría película. Solo habría que decir la verdad de los sentimientos en torno a los seres queridos de Tarkovsky y no la necesidad de proyectarla a un público más allá de los personajes. Por ello, Zerkalo como suelo integra las artes y deja de ser solo literatura para convertirse en cine, una obra singular en el medio. Posee fotografía (parte técnica de la película y retratos en la ficción), música (Bach), pintura (Brueghel), literatura (los versos del padre de Tarkovsky) y su propio ritmo poético en el cine. De ahí la importancia del montaje y su reinvención en Zerkalo.

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La secuencia de los niños practicando el tiro con rifle calibre .22 muestra de nuevo la distancia familiar. De acuerdo a uno de los comentarios en el ambiente, el niño que lanza la granada de práctica no tiene padres. Al terminar un punto de alta tensión en el recuerdo que Alexei le cuenta a Igniet, el del instructor protegiéndolos de la granada, corta a la niña pelirroja de labios abiertos por el frío y después a escenas del ejército soviético en el lago Sivach. Después las imágenes en el agua son acompañadas por versos de Tarkovsky padre y cierra la secuencia con la imagen del niño (eco de la nieve en Brueghel), los muertos en la guerra y el conflicto Sino-Soviético. La máscara de las grabaciones soviéticas es despojada de este escondite por la intimidad de los rostros en el ritmo poético de Tarkovsky. El Logos es redescubierto y se muestra lo vulnerable de sí en el montaje cinematográfico. No se trata de un montaje que oculta, éste, en realidad, desoculta e inventa una nueva imagen[11].

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Ética y Estética son uno en la obra. Sus bases posibilitan el impacto hacia el público. Aquello que no pudo ser dicho o criticado mediante las palabras, es interpelado constante mente por las artes integradas en el cine bajo un sólo ritmo, el que marca el director. Por ello la necesidad de buscar la sobriedad en los planos, sin abusar del montaje con tantos cortes. La ficción puede manifestarse como una pregunta y crítica del Logos (su ‘espejo’, quizá[12]), pues al emanar una Estética, también lo hace en forma de  Ética. Decir la verdad. El “Yo puedo hablar” del inicio de la película.

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Los límites de Zerkalo: a manera de coda

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Toda obra de arte es una propuesta de mundo, pero también de reflexión en el mismo. Podrían surgir más ejemplos acerca de la relación Logos y Ética, pero bajo el supuesto de que el lector, una vez terminada la película, mata al autor, quedémonos solo con este breve recuerdo rumbo a una relectura, para volver a efectuar la película de Tarkovsky, o bien, con el fin de matar al autor de las presentes reflexiones (nuevamente hace un eco la transmigración de la que venimos hablando).

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Zerkalo como obra crea sus propios límites entre lo personal y lo social, es decir, entre lo uno y lo general. En la vida de Alexei, está la vida de su familia, el pasado, presente y futuro, así como la historia de Rusia y el mundo en una época de ideologías y ofertas para solucionar los problemas del mundo. La búsqueda de un orden, aunque rompa con otro, fija la posibilidad de ir más allá de conmover el alma. ¿Qué tanto se puede salvar el sacrificio del que hablaba Tarkovsky en Esculpir en el tiempo? A pesar de contar con una estructura poco convencional, Zerkalo sí plasma las ideas del director: “Pensando en los intereses  de todos, el hombre ha perdido interés en sí mismo” (252). ¿Qué olvidaron las ideologías de los hombres y mujeres cuando quisieron pensar en el bien de ‘todos’? El hombre, en una sociedad de resultados generales y no específicos, se convierte en instrumento, no en fin. Este límite de Tarkovsky no es un impedimento, sino el suelo hacia el redescubrimiento.

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Sin embargo, hay un segundo límite, pues aunque suene irónico Zerkalo a pesar de ser espejo de una realidad, crea a su vez su propio espejo y con los años irá nutriendo al Logos para que otro lenguaje venga a ponerlo en evidencia y pueda volver en sí. La Ética sigue mostrándonos la narración de la historia de los seres humanos y el replanteamiento de ésta, pero no su solución perpetua. El filósofo como el poeta aprende a morir. Es claro que para ello es necesario también aprender a vivir. Una vez ordenado el mundo la pregunta debe ser nuevamente lanzada, tal vez como pintura, quizá como poema o por qué no, a manera de película o acrobacia.

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Finalmente, Zerkalo cae en la paradoja de los límites del poema: la impresión de éste. “Mirando fuera a través/de la ventana da la impresión/de un cuadro enmarcado/¡Ah! ¿Dónde empieza un poema/ y dónde acaba”[13]. ¿Dónde empieza el Logos y dónde termina la Ética? ¿Dónde empieza Zerkalo y dónde acaba? ¿Habremos de callar? Sin la Ética (la obra de arte que no expresa, sino que efectúa) el mundo es devorado por el Logos, en ese malestar del orden y la armonía de un solo tiempo que solo se reprime.

Fuentes citadas

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-Ballarte, Pere. “El contorno del poema”. Barcelona: Acantilado, 2005.

-Platón. “Fedón”. Diálogos. Estudio Preliminar de Francisco Arroyo. México, D.F.: Editorial Porrúa, 2009.

-Tarkovsky, Andrei. “Esculpir en el tiempo: reflexiones sobre el arte, la estética y la poética del cine”. Trad. Enrique Banús Irusta. Madrid: Ediciones RIALP, 1984.

-Villoro, Luis. “La significación del silencio”. La significación del silencio y otros ensayos. México: UAM, 2008.

-Wittgenstein, Ludwig. “Tractatus Logico-Philosophicus”. Versión e introducción de Jacobo Muñoz e Isidoro Reguera. Madrid: Alianza Editorial, 2002.

-Zambrano, María. “Filosofía y poesía”. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 2006.

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[1] Recordemos que Tarkovsky critica mucho al artista y sociedad modernas: “La moderna cultura de masas—una civilización de prótesis—, pensada para el consumidor, mutila las almas, cierra al hombre cada vez más el camino hacia las cuestiones fundamentales de su existencia, hacia el tomar conciencia de su propia identidad como ser espiritual” (66).

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[2] Carlos Monsiváis en su último libro publicado en vida (Apocalipstick) comienza con una crónica cuyo título se refiere a la capacidad de la ciudad para verse en el espejo. A la pregunta “¿Logrará la metrópolis verse en un espejo?” podríamos plantear la siguiente para Zerkalo: ¿Logrará la humanidad verse a través de un espejo? Esto aplica también para Europa, Rusia y la historia de los seres humanos en el siglo XX.
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[3] Esta perspectiva proviene del Tractatus Logico-Philosophicus: “6.421 Está claro que la ética no es expresable. La ética es trascendental. (Ética y estética son una y la misma cosa)” (Wittgenstein 177).
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[4] Cfr. La significación del silencio de Luis Villoro (48).
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[5] No es que parezcan, más bien se sugiere su parecido, como Aleksei ya grande le menciona a Natalia el parecido con su madre (la de Aleksei), pues siente lástima por las dos cuando las ve al rostro.
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[6] Palomo Linares debuta profesionalmente en el año de 1964. Nos ubicamos en el periodo de Franco.
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[7] Escúchense las últimas oraciones de Pushkin a Chaadaev en esa carta del 16 de octubre de 1836. El espectro es inmenso y la fascinación por la historia continúa vigente como lo señala el fragmento leído por el joven Igniet de doce años, antes de contestar la puerta.
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[8] Acaso estas líneas explican con detalle la primera escena de la película: un hombre, en la televisión, que por fin puede hablar con claridad.
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[9] Cfr. Esculpir en el tiempo, 161-162.
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[10] Véase la Introducción de B. Russel al Tractatus Logico-Philosophicus (189-197).
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[11] Andrei Tarkovsky se dedicó a buscar imágenes que le dieran dramatismo a la película. ¿Qué era lo normal en las tomas documentales de la vida cotidiana en el frente?: “Pero en realidad eran tomas muy especiales en las que se notaba que gran parte del material estaba preparado de ante mano y que había poco de verdad, auténtico” (156). No por nada se le pidió en su momento al director retirar las imágenes de ese lado del “progreso histórico”.
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[12] Si recordamos a María Zambrano en Filosofía y poesía encontraremos la existencia de dos Logos, el filosófico y el poético. A pesar de las diferencias marcadas entre el poeta y el filósofo, cada uno es el espejo del otro. Dice Zambrano al final de su libro: “La palabra de la razón ha recorrido mayor camino, se ha fatigado, pero tiene su cosecha de seguridades. La de la poesía parece estar a pesar de todas las estaciones recorridas en el mismo lugar del que partiera. Sus conquistas se miden por otra medida; no avanza.” (116). Algo habrá visto la poesía en la filosofía para no avanzar, como la filosofía en la poesía para cosechar seguridades. Uno se alimenta del otro en la búsqueda de la verdad.  Por ello, el Logos nunca está lleno, pero nos da la sensación de estarlo.
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[13] Poema de Joan Brossa citado de “El contorno del poema” de Pere Ballart (30).

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*Originalmente, este ensayo tiene el título de “El espejo de Andrei Tarkovsky como suelo de la Ética en la transmigración del Logos”.

2 Comentarios

  • Este ensayo nos revela nuevamente lo que ansiaba Tarkowsky: a veces no hay que esforzarse en explicar las cosas.

    El Espejo es antes que nada cine, cine en su más alta expresión. Esa altura es la poética.

    Cualquier explicación, cualquier disección se quedará cortísima. Hay ciertas obras que no arrojan nada luego de la necropsia.

    Gracias.

  • Hola Gabriel:

    Concuerdo contigo. Fue uno de los comentarios que hice antes de realizar este trabajo (realmente es el resultado de un trabajo final acerca de la Ética en esta película). Cuando mencionaron que el máximo eran diez cuartillas no pude contener una sonrisa al salir del aula. Estaba frente a un monstruo bellísimo, de esos que tienen los ojos de Argos observándote en todo momento-o a veces indiferentes-, y valía mejor ver la película una y otra vez en lugar hacer diez cuartillas como máximo.

    De todos modos vale la pena realizar el ejercicio, pues el sentido del poema (en este caso, del cine en su más alta expresión) es la inactualidad del lenguaje. “El espejo” no se conforma con ser solo cine. “El espejo” es cine y, aparte, va más allá del cine. Creo que eso la hace una gran obra y hay que mencionarlo, pues repetir hasta el cansancio el fenómeno “todo se queda corto” sin arrojarse a ese inmenso mar convierte al arte en consumo autómatico y no en una propuesta de mundo.

    Por otro lado, algo que sí creo deja claro Tarkovsky-y lo retoma en su libro- es cómo el hombre se perdió en la búsqueda por el bien de todos. Es tan claro que no estaba ni siquiera “cifrado”.

    El final es genial. Es uno de los silencios que más me han gustado en el cine como los de Sergio Leone en “Once upon a time in the West”. No creo que tenga relación con Tarkovsky, pero me recuerda a las observaciones de Max Picard sobre el silencio. El lenguaje viene de él (el muchacho al inicio que trata de hablar) y regresa a él (el final, después del grito del muchacho).

    Un gusto leer tu comentario. Estaremos ya de regreso en la sección de Arte y Cultura después de problemas de salud. Gracias por tu visita. Si un día gustas publicar algo, aquí te dejo la dirección contacto@deliberacion.org

    atte.- Jonathan Gutiérrez Hibler

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