Arte y Cultura — Viernes, 8 de julio del 2011 1:10 am

Crónicas de tangas: el mesero del espacio exterior

Escrito por

"Star Trek" (Fuente: fanpop.com)

Por Julián Álvarez*


1. Prólogo


27 de Junio de 2011. 11:00 AM. El primer cronista de segunda del tercer mundo, Julián Álvarez, toma la cuarta avenida principal cerca de un quinto patio llamado Monterrey, Nuevo León. Los años han pasado desde el aroma de la Corregidora de Querétaro, así como la memoria de un perfume cerca de un prostibulo donde vendían gorditas de azúcar a tres por diez pesos. Nada como dedear una primeriza  con gorditas de azúcar o nata a tres por diez pesos. Lo malo son las redadas. En ocasiones, se les paga con desayuno a los policías mientras cuelga el pito fuera de la bolsa, bajo el inmenso peligro de la bragueta a punto de ser abrochada por error. El mezcal. Nunca culpen al mezcal. Culpen a sus manos, pero nunca al mezcal.

.

El licenciado Álvarez hijo llama a Jonathan Gutiérrez, editor de una sección de Arte y Cultura de una revista de sexta con tintes de segunda división de fútbol. “Vamos a un congal, cabrón. Está regacho nomás escribir y sin convivir, tampoco somos máquinas para que no nos veamos”. Me manda a chingar a mi madre de la forma más simpática y amable: “estoy retirado, Julián…te acompañaría un rato, pero ando enfermo del estómago…ni siquiera puedo tomar una cerveza para platicar: te la debo”. Maricón, pensé. “Si quieres, puedes insultarme en la próxima crónica, no hay problema, me lo tengo merecido por dejarte abandonado”. Dos veces maricón.


2. Visita familiar


Tuve algunos días libres y fui invitado a mi antigua casa para la boda de mi hermana menor. Era el sábado, mis padres dijeron que sería mejor tomarme toda la semana para pasear al cuñado. También maricón, pero aparte de eso más joto que los chiles morrones en celo: “no quiero despedida, me da miedo que pase como en la película ‘¿Qué pasó ayer?’, no quiero pelearme con un narco por un malentendido y que tu hermana se quede sin amor”. Hablaba en serio.  Mi cuñado no sabe que el amor a veces vale tres gorditas a diez pesos en una esquina del centro.

.

Salí en la noche con el pretexto (y realidad) de mi cuñado. Me dijeron que si iba solo: “no, mamá…quedé de verme con el editor de la revista donde trabajo (ni me pagan, pensé)”. Cerré la puerta y una vez en el taxi toda la ciudad era otra. Era tan extraña y familiar que ya todos la conocían en las noticias y el miedo a la violencia. Me enteré que algunos lugares cerraron. Otros cerraron y fueron abiertos ahora bajo nueva administración, no me gustó para nada, en mis favoritos ya no había promociones como un tequila y un privado gratis al pagar treinta pesos de cover. Solo la presencia de los albañiles me hacía sentir en casa.


3. El mesero galáctico


Javier “El Jaibo” Mastroeni tiene veintiocho años. Dos de mesero, tres de cargador, cinco de paletero y uno de mecánico automotriz. Al menos eso es lo que saben la mayoría de las tangueras en un sitio de Madero a donde vine a parar.  No había mucha gente, los lunes son un pésimo día para mallugar el pescuezo si se está deprimido, en mi caso, por ser el único soltero de la familia. Menos en un día donde realmente un hombre necesita de compañía. Tengo tres hermanas y dos hermanos ingenieros. Todos y casi todas casados, salvo mi hermana menor.  ¿Y yo? Sentado en un sillón enorme, con una botella y una mujer de tres cuartos en la bolsa de los huevos. Si no fuera por el Jaibo, todo se habría ido al olvido.


“¿Por qué el Jaibo saluda como el señor Spock, Vicky?”. Javier caminaba rumbo a las pocas mesas que le tocaban y siempre iba saludando al estilo del personaje de Viaje a las estrellas.  La historia era sencilla: el Jaibo había visto en su rancho, a eso de las dos de la madrugada, a un extraterrestre que orinaba cerca del molino. Decía que al ser le gustaba espantar a las vacas cuando se sacaba el pilin no identificado. El Jaibo, cuentan, no tuvo miedo y le soltó una patada a la pobre critatura hasta dejarla noqueada entre los nopales de la ranchería. “¿Y cómo era?” le dije a la Vicky. “¿Por qué no se lo preguntas?”, me contestó y mejor me esperé con otra mujer para que me contara alguno de los chismes.

.

La siguiente pudo darme descripción del extraterrestre violador: “era bien chiquito, así de brazos largos, según el Jaibo…¿has visto los que tienen ojos enormes? Bueno, él nos contó que era igual, pero los ojos eran como los de las moscas, que se la pasaba cogiéndose a las vacas siempre que se lo topaba cuando él salía a hacer del baño en el monte”. No pude evitar reirme. A ella no le pareció. Me mandó a la chingada y supuse que ya nadie podía reirse de lo insólito en este país.

.

Pagué mi cuenta, no sin antes hablar con el Jaibo: “es tu día de suerte…esto es tuyo si me dices por qué saludas así a los clientes”. Javier se puso a reir y me pidió que lo esperara con una señal a lo trés bien (en fránces). Salimos a fumarnos un cigarro. Me preguntó que por qué quería saber eso, que qué chingados me importaba: “Nada, supuse que así espantaste al extraterrestre. Escuché que un día se te apareció en un privado y te violó por haberlo pateado enfrente de las vacas” (esto era cierto, por eso se enojó conmigo, todos se burlaban de él porque estaba convencido  de que el extraterrestre se la había metido en el privado).

.

El hombre de la entrada nos separó. Javier volvía a sus labores y yo me había quedado sin información hasta que la misma persona que nos detuvo me pudo explicar por qué saludaba así a los clientes. “Lo que pasa es que, según él, el marciano que se lo cogió, lo saludó así, entonces siempre que llega alguien al putero hace lo mismo para ver si lo descubre y regresarle el mandado”. Le pregunté que si ya le habían respondido y nada. Nadie sabía nada. Me fui caminando no sin antes saludar a unas prostitutas con la señal de Spock. Obviamente, no me tocó un encuentro cercano del tercer tipo, sino del cuarto. Unos polis me levantaron y les pagué una mordida para que me dejaran ir. Cuando me despedí, uno de ellos dijo adiós como lo hacen los Vulcanos en Viaje a las estrellas.


______________________________________________________________________________________________________
*Julián Álvarez es licenciado en sociología. Ha ganado un par de premios literarios con pseudónimos como “Julián Álvarez” y “Silvina Lozano”. Vivió gran parte de su vida en Nuevo León, pero ahora disfruta de Queretaro por su clima y porque huele menos a fútbol en los sábados.

Dejar una respuesta

— required *

— required *