Asuntos Internacionales — Domingo, 6 de junio del 2010 1:17 am

La Hora de las Universidades Latinas

Escrito por

Rectores Universitarios en Universia 2010. El País.

Por Gilberto P. Miranda*

“El conocimiento nos hace responsables”

-Ernesto Guevara

La Universidad como concepto e institución es una poderosa idea. Particularmente hablando de América Latina, su existencia se da a raíz de la colonización de nuestros territorios por parte de los países europeos. Las Universidades en nuestra región han sufrido grandes transformaciones a lo largo de su historia, desde sus lazos religiosos iniciales hasta las luchas por la autonomía en el siglo pasado.

Sin embargo, la validez de su propósito fundamental –al menos en el papel- se mantiene: crear, reproducir y transmitir el conocimiento en beneficio de la humanidad.

También habría que decir que en América Latina las Universidades son “jóvenes” en comparación a sus pares europeas. Por ejemplo la UNAM (Obviamente entonces “La Real y Pontificia Universidad de México”) fue fundada en 1551; mientras que la Universidad de Oxford, considerada la primera del mundo anglófono, se calcula que fue fundada aproximadamente en el año 1096.

La Universidad de Chile fue fundada en 1747 y la de Buenos Aires en 1821. Ya en el siglo XX se han creado Universidades que tienen hoy gran importancia en la región, como la de Sao Paulo y el Tecnológico de Monterrey, en 1934 y 1943 respectivamente.

Los muy complejos tiempos que corren en una América Latina aún sumida en el subdesarrollo, con lacerantes desigualdades y profundos problemas de toda índole, sin duda requieren de un rol activo y comprometido de las Universidades en la búsqueda de soluciones basadas en el conocimiento; pero ¿Están dispuestas las Universidades a tomar ese papel de actores transformadores?

Para empezar, habría que decir que por la naturaleza misma de la Universidad, incluso independientemente de si son públicas o privadas, deben de asumir dicho papel. En segunda, hay índices alentadores al respecto tras el II Encuentro de Rectores Universia, recientemente llevado a cabo en Guadalajara del 31 de mayo al 1 de junio.

En el encuentro (realizado a iniciativa del Banco Santander) se dieron cita 985 rectores y delegaciones de otras 72 Universidades bajo el lema: “Por un espacio iberoamericano del conocimiento socialmente responsable”.

El rector de la UNAM, José Narro Robles, es el Presidente del Comité Internacional del Encuentro, asumiendo el liderazgo que se esperaría de la que es reconocida como la mejor Universidad de Latinoamérica. En entrevista con el diario español El País, Narro dibujó su visión respecto al trabajo conjunto de las Universidades iberoamericanas: el impulso de un espacio iberoamericano del conocimiento, la necesaria formación de capital humano (en lugar de materias primas, como lo postula Felipe González), la generación y transmisión de conocimiento; “Pero todo eso estaría incompleto si no hubiera una orientación social, si no pudiéramos ponerle el apellido de “socialmente responsable”. Qué bueno que podamos ayudar a que una persona encuentre, cultive, desarrolle una vocación… Qué bueno. Pero es necesario que todo eso tenga además una orientación social”, señala Narro (El País, Junio 2010).

Para decirlo claro: la Universidad de ninguna manera debe permitirse desvincularse a la sociedad a la que sirve; y por otro lado, la necesidad de romper con el absurdo y dañino paradigma que ha parecido dominar, sobre todo en instituciones privadas, en los últimos años: la idea de que las Universidades están para crear meros empleados y no profesionistas críticos, con sensibilidad y compromiso social.

Los rectores clausuraron el Encuentro con un diagnóstico contundente: “(El problema de las sociedades modernas) No es la inseguridad, sino la miseria y la ignorancia, la pobreza y el dolor de las personas” (La Jornada, junio 2010).

El Encuentro en sí mismo se relaciona con una palabra que nuestros países necesitan: esperanza. No en su sentido romántico, demagogo o populista; sino esperanza en soluciones reales basadas en el conocimiento, en instituciones comprometidas y críticas, en que los tiempos mejores no vendrán por designio, sino por unión, cooperación y trabajo.

Al menos en lo personal me resulta esperanzador ver sentados en una misma mesa a los rectores del trío de Universidades Públicas de mayor relevancia en la región: José Narro de la UNAM; Rubén Hallú de la Universidad de Buenos Aires y Herman Jacobus Cornelis de la Universidad de Sao Paulo. Hallú resume el espíritu del encuentro: “Ya no podemos guardar silencio…no podemos cerrar los ojos ante los problemas actuales. No podemos dejar sola a la sociedad cuando más nos necesita” (El País, Junio 2010).

Por demás interesante resultan dos posturas que parecen compartir los tres rectores. Por un lado, sobre el papel de la Universidad en América Latina parte del necesario compromiso social, pero también en cómo es que dicho compromiso se interpreta, instrumenta y ejecuta; un compromiso basado en nuestra realidad, claramente precaria. Explica Jacobus Cornelis: “Nuestro objetivo en Brasil no es sólo conseguir que los muchachos de las clases más desfavorecidas puedan tener acceso a la universidad, sino que puedan permanecer. Es absurdo comparar el papel social de nuestras universidades con las universidades europeas. (En Europa) Para el ranking entre las distintas universidades, utilizan indicadores anglosajones de competencia. Cuentan cuestiones tales como cuántos Nobel han tenido en su larga historia. Nosotros somos universidades jóvenes entre cuyos objetivos está el equilibrio social: que nuestros estudiantes puedan comer, tengan donde dormir o el acceso al transporte… No es justo comparar realidades. Nuestro compromiso tiene mucho que ver con sacar a nuestros países hacia delante”. (El País, Junio 2010)

El otro gran punto es el Estado. En primera instancia está la relación existente con el gobierno como aquél con la responsabilidad, aparato y recursos para llevar a cabo las soluciones propuestas por las Universidades; pero además está una cuestión de fondo: el papel mismo del Estado en el abordaje de sus políticas públicas, lo cual se basa en su interpretación de la realidad, y la misma en gran medida descansa sobre el conocimiento disponible, mucho del cual se produce en las diversas Universidades.

Al respecto señala Narro: “Nuestro marco de partida debería ser la aceptación de que el mejor Estado no es necesariamente aquel que únicamente genera riqueza. En todo caso, es aquel que mejor la distribuye y que consigue el mayor desarrollo humano posible.” (La Jornada, Junio 2010).

Sin duda las Universidades que están llamadas a ser punta de lanza en este proceso serán las públicas; cuya vinculación con el Estado, la sociedad civil e incluso la iniciativa privada podrá potenciar proyectos y soluciones basados en el conocimiento.

Crear un espacio iberoamericano del conocimiento será un proceso arduo y complejo que requiere ante todo de la voluntad común, pero ha comenzado, y por el bien de la región habrá que apoyarlo, recordando una premisa de José Vasconcelos, recordada por Pablo Ordaz para El País: “Yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo” (El País, Junio 2010).

*Presidente del Consejo Editorial de Deliberación.

2 Comentarios

  • Es triste ver que al Tecnológico se le llame universidad.

  • Es más triste conocer la verdadera “responsabilidad social” del TEC: Al preguntarle a un conocido y prestigiado biólogo de esa “universidad” sobre si su institución se opondría al proyecto del túnel de la Sierra de la Silla, si se demostrara que dañaría al ecosistema, el investigador me respondió: “El Tec ya se manifestó mediante la elaboración del Plan de Manejo Ambiental Sierra Cerro de la Silla”. Es decir, no meterían más las manos, no alzarían la voz ante un posible ecocidio.

    Luego, cuando pensé que ya lo había visto todo, al salir de su despacho vi en los pasillos, varios mapas colgados en la pared, en uno de ellos venía sombreada el área del cañón de la Huasteca como “área susceptible de desarrollo de baja densidad”, y es precisamente el área del pretendido desarrollo, “Valle de Reyes”. Ya con eso se da uno cuenta del grado de compromiso social de esa institución.

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